En el taller de Pepe Berenguer se trabaja por igual un marsellés, una guayabera o unas calzonas, un traje de corto y bata de cola de gala para una boda rociera, una casaca o unos brichis para la monta a la inglesa. De la misma manera se viste a un torero de goyesco, a una amazona o a un cochero a la Federica.

A las telas hay que darle las formas, hay que modelarlo todo muy bien.

 

Si no hay taller, no hay nada (Pepe Berenguer).

 

Cuando se entra en el taller, se puede ver que Pepe y Manoli son dos entusiastas de su trabajo, hasta el punto de que dedican todo su tiempo al arte de la alta costura no sólo para el traje corto, sino también para la sastrería en general. Porque lo que aquí se respira es el respeto a una tradición y una forma de hacer las cosas que poco a poco va desapareciendo. El arte se está en el aire.